Por Joaquín Ramos

Manolo Manizo trabaja hace 3 años en aquél hotel de Bangkok donde se halló sin vida el cuerpo de David Carradine, el hombre Kung, protagonista de la clásica serie norteamericana de TV, en la que nunca faltaba una situación en la que tuviera que probar sus habilidades marciales. Tranquilamente peleaba contra cinco hombres dentro de un bar, dando patadas, haciendo tomas de agarre, neutralizando a su oponente y dejando en claro la filosofía de su arte. También siempre había una jovencita u otra persona que lo escuchaba y lo respetaba por su forma de ser, sus consejos directos y simples. Luego de muchos años Carradine estuvo desaparecido del mundo del espectáculo hasta que el fantástico director Quentin Tarantino le brindó el excéntrico papel de Bill en su excelente película “Kill Bill”. Sin embargo, y volviendo a nuestro Manizo que se encontraba vestido con un pantalón de vestir negro, un chaleco, también negro, y un saco de un color rojo intenso, que nació en Almería, y que estaba trabajando en ese mismo hotel donde Carradine dejó su profesión, su dignidad y su vida. No podríamos decir con certeza si Manizo es un degenerado, pero lo que sí podríamos decir es que Manizo es un fisgón. Y no hay otro ámbito más propicio para que un fisgón realice su actividad primordial que un hotel.

Si pudiéramos contar todas las cosas que pasaron por delante de los ojos de Manizo seguramente, en minutos nomás, tendríamos que rendir cuentas a la CIDE, a la INTERPOL, y hasta el FBI, por eso nos limitaremos a contarles lo que hacía y vio Manizo en el momento en que la vida de David Carradine dejó de existir.
Aquél día hablaba con sus compañeros de trabajo, cuando observó la llegada de Carradine: estaba bastante viejo, rondaba casi los setenta años, estaba acompañado de dos prostitutas tailandesas, y, por supuesto, se encontraba totalmente borracho. Manizo ayudó a las jóvenes y a la estrella de cine, guiándolos hasta su habitación.
Subió hasta un tercer piso, caminaron un largo pasillo y Manizo les abrió la puerta con su tarjeta magnética. Carradine se encontraba completamente borracho, hacía chistes, daba besos a las chicas y colocó cien dólares en el bolsillo derecho del saco de Manizo. Este agradeció pero Carradine riendo cerró la puerta.
Poco tiempo pasó hasta que Manizo vio a las dos prostitutas atravesar el hall y retirarse del hotel. Conversaban y reían, sus vestimentas llamaban poderosamente la atención a todos los que allí estaban. Una vestía una pollera de color amarillo patito, camisa rosa ajustada, pelo teñido de rubio, y sus rasgos orientales estaban resaltados gracias a un buen trabajo de maquillaje; su compañera vestía un pantalón de cuero negro ajustado, un pequeño tapado bordeado de una tumultuosa piel blanca y su pelo morocho y lacio estaba acompañado de unos pequeños mechones teñidos de color fucsia. Antes de salir del hotel ambas miraron a Manizo y le sonrieron. Y este les devolvió la sonrisa, y las jovencitas orientales desaparecieron del hotel.

Ni un segundo pasó hasta que Manizo, a paso acelerado, volvió a subir hasta el tercer piso en busca de la habitación de Carradine. Al enfrentar la habitación del actor, utiliza su tarjeta magnética y de forma muy sutil abre la puerta. Nada ve, nada escucha. Su excitación y paciencia se encienden. Manizo ya no tiene control de sus emociones. Ingresa decidido a la habitación. Atraviesa un enorme y lujoso ambiente principal. Una televisión de 50 pulgadas muestra una película pornográfica, donde dos hombres someten sexualmente a una mujer africana. Manizo no presta atención ni a la película, ni a ninguno de los lujos que rodean el ambiente. Avanza a paso lento pero seguro hacia la suite deluxe. No vamos a ocultar que tuvo gran sorpresa cuando en la suite encontró absolutamente nada. Sin embargo un pequeño ruido casi sordo lo hizo estremecer. El sonido provenía desde el sector del armario. Sin comprender avanzó un poco más y quiso ver que sucedía. Al abrir cautelosamente el armario, vio lo que nunca antes había visto ni imaginado. Carradine estaba suspendido en el aire gracias a una soga que colgada desde el techo. Esta lo sostenía por el cuello y otra de igual manera se encontraba atada a sus testículos. La aparición repentina de Manizo pareció sorprender frenéticamente al actor que se enc
ontraba suspendido en el aire. Esto provocó que el frágil equilibrio que tenía el actor ante esta práctica sexual suicida se rompiera. Carradine desesperado intentó desatarse la soga de su cuello mientras colgaba dentro de su placard. Al mismo tiempo Manizo observó la desesperación que el actor sufría mientras aquella soga impedía que el oxígeno ingresara a sus pulmones. Manizo siguió observando los movimientos espáticos del actor resistiéndose a la muerte. Sin embargo, dejó de convulsionar, desnudo, erecto, con una soga en su cuello y otra en sus testículos, David Carradine fallece en el armario de un hotel en Bangkok ante los ojos de Manolo Manizo.
Nada se supo que sucedió con este personaje que al día siguiente renunció a su trabajo dentro del hotel y hasta hoy no se supo cual fue su siguiente destino. Solo sabemos que el recuerdo de aquella imagen la llevará tatuada en su cabeza hasta el último día de su vida.