Kathryn Schoonover está sola en su casa. Estamos en California, Marina del Rey, 1998. Kathryn no tiene a sus hijos que la escupan ni que la insulten. Su vida es miserable. Pero más miserable es ahora que ellos se fueron para siempre. Están muertos. Jhon y Kelly están muertos gracias a un desayuno a base de cereales, tostadas y cianuro.
Su ex esposo, Terrence, borracho y jugador, lógico, la golpeaba y violaba. También murió a causa de un exquisito pollo, papas, salsa de tomate, un buen vino y cianuro.
Ahora ell está sola en su casa. Esta depresiva. No entiende porqué sucedió esta tragedia en su vida. Se mira al espejo, se quita la gorra de lana, y podemos observar su cabeza calva con pequeñas marcas rojas, sangre, ocasionadas por una gillette.
Kathryn está por tomar una decisión importante. Medita unos segundos y lo decide. Sí, Kathryn quiere exterminar a toda la humanidad. No merecen este regalo divino que dios les dio. La vida. Quiero asesinar a toda la humanidad dice en voz alta.
Se dirige hasta el centro del pueblo. Se sienta un rato frente a una escuela. Mira a unos niños que salen de un recreo jugar con una pelota de football (americano). Abre un frasco del complejo vitamínico, lo tira en una bolsa, y luego con su cuchara toma un poco de cianuro de su gran pote, tamaño familiar, y lo coloca en el complejo vitamínico.
Su plan se frustra. Es vista por un joven usuario que la ve realizando ese procedimiento. Es la decimoquinta vez que lo realiza cuando es descubierta. La policía la detiene, y según dicen después iba a ser enviado de forma azarosa a diferentes domicilios del estado de Los Ángeles como si fuesen muestra de productos.
Ahora Kathryn está en neuro-psiquiátrico. Hace 10 años que permanece ahí. Dicen que está más sociable. Ya no quiere suicidarse. Se hizo algunas amigas. No tiene cianuro. Esto no lo dijo en voz alta. Pero a la noche cuando nadie la ve, todavía sueña su plan perfecto para exterminar a toda la humanidad.


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