
Es un viernes y son las dieciocho horas. John Wilkes Booth se mira frente al espejo. Es joven, tiene tan solo 27 años, la edad en la que mueren los grandes. Sin embargo el no es grande, a John no lo conce nadie, y sabe que su talento teatral no lo llevará nunca a ningún lado. Sus ideas políticas son firmes. Apoya con pasión a los confederados.
Su cara está demacrada pero su mirada firme. En voz baja murmura: Sic semper tyrannis. "así siempre a los tiranos". Viejo y conocido lema del estado de Virginia.
Abre su placard, toma su mejor traje y se viste, como si fuera la última vez que tendría que hacerlo. Vuelve a mirarse al espejo, baja su mirada, abre un cajón y saca su viejo revólver Colt. Nunca le falló y no le fallará esta vez. Sale de su habitación, camina unas cuadras y frente a sí, se encuentra el poderoso teatro Ford. Hoy brindará un hermoso espectáculo, "Our american Cousin".
Compra un ticket para ir a los palcos, se lo entregan, y sin problemas sube hasta una de las ubicaciones más costosas, pero no la más costosa y mejor ubicada, porque esa ubicación la tendrá el presidente Lincoln, que vendrá tan sólo en unos minutos.

John sabe que este es su papel principal, nunca tendrá otro, este lo colocará en los lugares más reconocidos de la historia. Sus míseras actuaciones en teatros de segunda, nunca pero nunca iban a convertir en él, algo que valiera la pena.
Se oyen los murmullos y aplausos de la gente, se acercan velozmente hacia los palcos. Llegó el presidente. Después de media hora ya no se oye nada. Todos toman su asiento. Comienza la opera.
Transcurridos los primeros actos de la opera, John se incorpora, revisa su hermosa colt negra, sí tiene balas, su traje, también perfecto. Sigilosamente sale de su palco y camina unos veinte metros, allí a tan solo, unos pasos, se encuentra Abraham Lincoln, responsable de la gran guerra que termino con los beneficios y privilegios de la confederación. El presidente de los estados unidos. Abraham Lincoln.
Corre la cortina, muy despacio, y la obra se encuentra en su estado cúlmine, Abraham mira atento, atrapado, pero no verá el desenlace porque John Wilkies jaló el gatillo de su colt negra, un estallido tronó en todo el teatro, luego un grito poderoso: Sic semper tyrannis
Lincoln cayó al suelo, Jhon saltó del palco al suelo, el saltó lo dejó cojo. Corrió hacia la calle, subió a su caballo y escapó.
Aunque poco le duró esa satisfacción, porque tan solo a los dos días, lo encontraron y asesinaron, su fama duró infinitamente más que cualquiera sus papeles interpretados en su corta carrera de actor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario